El materialismo dialéctico a la luz de la física cuántica y la relatividad

    En cuanto sistema filosófico, el materialismo dialéctico señala a la materia como base de la realidad, sostiene la independencia de aquella respecto de la conciencia y afirma el carácter cognoscible del mundo. Pieza clave para asimilar esta concepción es la tesis doctoral de Karl Marx, Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro (1841), donde el pensador alemán, tomando partido por el segundo, defiende con él que el átomo describe tres movimientos y no dos: a la caída en línea recta y al rechazo por colisión con otros átomos resulta necesario sumar la declinación, pues sin esta las partículas no podrían chocar entre sí. “Y tiene razón Lucrecio”, declara Marx, aludiendo a De rerum natura, “cuando dice que, si los átomos no acostumbraran a desviarse, no habría entre ellos ni encuentro ni repulsión y no habría podido crearse el mundo”. En efecto, es en la desviación epicúrea, que Lucrecio llama clinamen, donde Marx encuentra su idea de libertad: “los átomos son para ellos mismos su único objeto y solo pueden referirse a sí mismos”. Tal es la fuente de la ética expuesta en la tesis doctoral: “para que el hombre como hombre se convierta en su objeto real y singular, tiene que haber roto en sí su existencia relativa, la fuerza de la apetencia y de la mera naturaleza”. La obra dedica al tiempo su último capítulo: “Puesto que en el átomo la materia, en cuanto pura relación consigo misma, está despojada de toda mutabilidad y relatividad, de aquí se sigue inmediatamente que el tiempo debe excluirse del concepto del átomo, del mundo de la esencia. Pues la materia solo es eterna e independiente en cuanto que en ella nos abstraemos de la temporalidad”. 

    A esa fecha, el marco conceptual de la investigación en Física era la mecánica de las leyes descritas por Isaac Newton en Principios matemáticos de la filosofía natural (1687). Sin embargo, varios supuestos hasta entonces aceptados cayeron ante la evidencia científica. El paradigma de la indivisibilidad del átomo llegó a su término cuando, en 1897, Joseph John Thompson descubrió el electrón, en lo que apenas constituía el inicio de una serie de hallazgos de partículas subatómicas que no se ha detenido. Y si en 1900 Max Planck descubrió la unidad indivisible en que las ondas pueden ser emitidas o absorbidas, en 1905 Albert Einstein formuló la teoría especial de la relatividad, que describe la física del movimiento en el contexto de un espacio-tiempo plano, y en 1915 presentó la teoría general de la relatividad, que introduce, entre otros, el concepto de curvatura del espacio-tiempo. Mientras la cuántica y la relatividad avanzaban, la propaganda burguesa pretendía verlas como presuntas pruebas en pro del idealismo. De hecho, el eminente matemático Henri Poincaré advirtió, en El valor de la ciencia (1905) —tras declarar que la Física estaba ante una “hecatombe general de los principios”— lo siguiente: “Todo lo que no es pensamiento es nada, ya que pensamos solo a través de este, y todas las palabras que empleamos para hablar expresan solo pensamientos. Decir que hay algo más que el pensamiento es, por tanto, una afirmación que carece de sentido”. 

    En ese contexto —agravado por las voces de mecanicistas tales como Ernst Mach y Alexander Bogdanov, quienes se proclamaban como los auténticos materialistas y aseguraban que la idea existía dentro de la materia— Lenin respondió con solidez, incorporando, asimismo, el nuevo acervo provisto por la ciencia. “La ‘esencia’ de las cosas o la ‘sustancia’ también son relativas; no expresan más que la profundización del conocimiento que el hombre tiene de los objetos, y si esta profundización no fue ayer más allá del átomo y hoy no pasa del electrón o del éter, el materialismo dialéctico insiste empero en el carácter temporal, relativo, aproximado, de todos esos jalones del conocimiento de la naturaleza por la ciencia humana en progreso”, manifiesta en Materialismo y empiriocriticismo (1909). Refiriéndose explícitamente a las palabras de Poincaré, indica que “son conclusiones idealistas. La ruptura de los principios más fundamentales demuestra (tal es el curso de las ideas de Poincaré) que esos principios no son copias, reproducciones de la naturaleza, no son imágenes de algo exterior en relación a la conciencia del hombre, sino productos de dicha conciencia. Poincaré no desarrolla esas conclusiones de un modo consecuente, no se interesa en lo más mínimo por el aspecto filosófico de la cuestión”. Igualmente, y refiriéndose 14 años después a las “tendencias filosóficas de moda” en Europa, Lenin observa que ellas, con tal de salvar su idealismo, “tratan de aferrarse a Einstein”. El punto es pertinente, porque, citando y saludando un artículo de Kliment Arkadievich Timiriazev sobre la relatividad, publicado en la revista Bajo la bandera del marxismo (número 1-2), Lenin no solo llama literalmente a acercarse a los representantes de las ciencias naturales: además toma nota de que Einstein, a distancia de las tesis idealistas, “no realiza personalmente una campaña activa contra las bases del materialismo”. Esta asimilación de la relatividad es expuesta en tales términos por el líder de la Revolución Rusa en 1922, en El significado del materialismo militante, apenas a siete años de haber sido enunciada la teoría general. Para sopesar la apropiada prontitud de esa incorporación hay que recordar que la Academia Sueca tildó la gran concepción de Einstein de mera especulación, de modo que solo le concedió el Premio Nobel ese año —aunque correspondiente a 1921— por explicar el efecto fotoeléctrico. El 10 de mayo de 1933 los nazis quemaron trabajos de y sobre Einstein, por considerarlos física judía. Tres años más tarde, bajo el régimen de Stalin, el 20 de diciembre de 1936, Boris Hessen, destacado físico ruso mundialmente conocido por su aproximación a la teoría de la relatividad —y, sobre todo, por su notable ponencia Las raíces socioeconómicas de la mecánica de Newton, de 1931 (ver segunda página)—, fue ejecutado en Moscú junto a su maestro, Arkadij Apirin, al cabo de un juicio secreto. Es importante subrayar no solo que Lenin y Hessen coincidían en los planos político y científico, sino que esas dos esferas también hacían sentido a Einstein, quien junto con refutar a Mach por las mismas razones que Lenin, se refirió al líder bolchevique de la siguiente manera: “los hombres como él sostienen y renuevan la conciencia de la humanidad” (Vsevolod Stoletov. La educación, clave de la transformación de la sociedad. El Correo, UNESCO, julio de 1970). 

    La evidencia proporcionada por la Física no afecta la noción elemental a partir de la cual el materialismo dialéctico apunta a la materia como base de la realidad concreta y abstracta, ni contradice el principio de independencia de la materia respecto de la conciencia, ni altera la noción en torno al carácter cognoscible del mundo. Sin embargo, implica reformular supuestos e inferencias que no se ajustan a la realidad ni aportan coherencia al sistema filosófico. En síntesis, ello entraña constatar que: 

    1. Los hallazgos de la relatividad y de la cuántica son incompatibles con la afirmación marxiana de que el tiempo debe excluirse del concepto de átomo, cuya indivisibilidad, por lo demás, está descartada. Una de las consecuencias de la relatividad es, precisamente, que el tiempo no constituye una eternidad y, como subraya Robert Penrose, deja de transcurrir en un agujero negro (Gravitational collapse and space-time singularities, 1965). 

    2. No es posible implicar intrínsecamente la masa en la noción de partícula, porque hay partículas sin masa. 

    3. Siguiendo el curso de los descubrimientos, Lenin corrigió las tres presunciones recién referidas, y fue más lejos, previendo una consecuencia concreta de ello: que la causalidad no podía ser entendida como encadenamiento unilateral, sino como expresión de “momentos de la interdependencia universal” (Materialismo y empiriocriticismo). 

    4. El contrapunto del que parten Epicuro y Marx entre átomo y vacío no tienen base, porque el vacío como tal no existe. Esa dicotomía democrítea no se sostiene, subraya Werner Heisenberg: “los átomos ya no son estructuras corporales en sentido propio” (Principios de la filosofía de la naturaleza antigua en la física moderna, 1937). “Al ‘estado de menor energía posible’ lo llamamos el vacío”, dice Gerard ‘t Hooft (In search of ultimate building blocks, 1996), mientras Stephen Hawking se refiere a la “energía que está presente incluso en un espacio aparentemente vacío” (The universe in a nutshell, 2001). 

    5. Tal constatación implica una revisión del concepto de clinamen, e igualmente una reformulación de la idea de movimiento por colisión, pues dos partículas pueden rechazarse sin necesidad de choque. 

    6. Lenin explica, acertadamente, que la expresión la materia desaparece “quiere decir que desaparecen los límites dentro de los cuales conocíamos la materia hasta ahora y que nuestro conocimiento se profundiza; desaparecen propiedades de la materia que anteriormente nos parecían absolutas, inmutables, primarias” (Materialismo y empiriocriticismo). De manera análoga, la identificación de las así llamadas partículas elementales no significa que estas hayan existido siempre ni que existirán indefinidamente. 

    7. Si bien se mantiene incólume el postulado sobre la independencia de la materia respecto de la conciencia, ello no puede extrapolarse al plano de la observación, porque en el nivel subatómico no es factible acercar al observador a las partículas sin modificarlas. 

    8. Por otra parte, la cognoscibilidad del mundo ha de tener a la vista el principio de incertidumbre de Heisenberg, a partir del cual no es posible determinar simultáneamente pares de variables físicas como la posición y el movimiento lineal de un objeto. 

    9. También en el nivel epistemológico la cuántica implica una revolución en el sentido transdisciplinar, toda vez que se ha hecho posible formular los problemas de la Química desde la Física y viceversa, mientras hoy ambas sendas avanzan en la dirección de concatenarse con el campo de la Biología. En otros términos, la exploración subatómica, lejos de atomizar la realidad, deviene herramienta para el análisis de la materia orgánica y la investigación comprehensiva. 

    10. El materialismo dialéctico debe enriquecerse con el teorema enunciado en 1918 por la eminente matemática Emmy Noether, que muestra que toda ley de conservación se corresponde siempre con una simetría en el sistema de partículas. Allí reside una clave para la comprensión de los procedimientos de la naturaleza y también para repensar los campos desde los cuales se ha meditado sobre la globalidad de los procesos de creación estética. 

    11. Por último, la indagación histórica del proceso en que ha consistido el debate ofrece un panorama sobre la relación entre creación de conocimiento y acción política. De la noción atómica de Marx procede la idea de libertad que desarrolla, y que permite trazar una línea entre clinamen y conciencia de clase. De la asimilación que hace Lenin de la cuántica y de la relatividad se colige una concepción de partido: no es posible articular una colectividad revolucionaria sin que en su seno se comprenda en propiedad la realidad que se pretende transformar. ¿Existe hoy en el mundo un partido que efectivamente incorpore el debate y la actualización de la evidencia como parte consustancial de su lucha y de la formación de sus cuadros?


David Hevia 

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